El Marco
sábado 14 de julio de 2018

Las reservas naturales están “desprotegidas” o quedan sólo en el papel

La situación de las Áreas Protegidas de la región. El caso del Parque del Oeste.

Por Agustina Conci

Un estudio sobre el corredor de Sierras Chicas releva el estado de las Áreas Protegidas y su situación institucional. Muchos espacios no tienen plan de manejo o se encuentran parados; el caso local del Parque del Oeste. Un modelo de gestión colaborativa entre ciudadanos podría perfilar un cambio.

En 1958 se creó en Córdoba la primer Área Protegida gestionada por el estado provincial: la Reserva de Bosque Protector y Permanente de Sierras Chicas, instituida por la resolución 1408/61 del ex Instituto Provincial de Estudios Agrícolas. El proyecto sostenía la necesidad de preservar el bosque de Sierras Chicas, degradado por la gran extracción de leña para exportación durante la segunda guerra mundial.

Esta reserva fue creada tras una gran inundación. El impulso también sentó un precedente que se hizo cotidiano en la provincia: nunca fue reglamentada, y se convirtió en la primera de muchas “reservas de papel”. Es decir, reservas o áreas protegidas declaradas y firmadas, pero con nula o mínima inversión, sin plan de manejo y sin participación de los ciudadanos en la toma de decisiones.

El gesto se extiende en el tiempo, y aparecen aquí y allá intenciones de conservación en nuestra zona. Son territorios que comparten una historia ambiental común y reciente: el acelerado avance del desmonte, las variaciones climáticas de sucesivas inundaciones y períodos de sequía. Se estima que son más de 3 millones las hectáreas “protegidas” en la provincia. Sólo el 1% está gestionada con un plan de manejo y/o reglamentada.

La desaparición del bosque repercute en la vida de las poblaciones. Así, revisar las relaciones de los actores con las áreas de protección permite poner en juego mecanismos de participación, discusión y toma de decisiones: ¿Cómo cuidar el bosque? ¿Quiénes tomarán parte? ¿Cómo gestionar el uso y apropiación de las Áreas Protegidas?

Algunas de estas preguntas responden los tres autorxs del estudio “Áreas desprotegidas. Análisis de la gobernanza en las áreas protegidas de la provincia de Córdoba, Argentina”. Los impactos geográficos y sociales de las últimas inundaciones movilizaron a un colectivo de profesionales y autodidactas vecinas a involucrarse en el tema. El documento destaca cómo las comunidades pueden intervenir “en la visibilización y resolución de problemas sumando su propia creatividad, capital social, puntos de vista, conocimientos y recursos, y compartiendo la responsabilidad en la toma de decisiones en un contexto ambiental y cultural determinado”.

La hipótesis plantea que la intervención de gobernanza o manejo estatal no garantiza el cuidado y conservación de las zonas protegidas. Por eso, su modelo es la reserva de Río Ceballos: un espacio en donde se encontraron la ambición ambientalista de los vecinos y la voluntad del municipio: “logramos la creación de áreas nuevas, hay potencial de conservar muchos fragmentos de bosque, las cuencas y la biodiversidad. Nos enfocamos en potenciar eso”, resume una de las autoras, Celeste Camacho.

En la zona pujan el avance inmobiliario y agrícola, con su consecuente desidia ante las “zonas rojas”, espacios que deberían ser resguardados. Ante eso, el modelo de gobernanza colaborativa toma forma: espacios donde la comunidad puede pensar la conservación, aprovechamiento y disfrute de su patrimonio ambiental. Las necesidades a resolver en un área protegida abarcan muchos frentes: desde proyectos educativos, hasta cartelería, asistencia de guardaparques y cartografía.

- Plantean que el modelos de gobernanza en el que sólo gestiona el Estado es obsoleto o no dio resultados hasta ahora. ¿Se puede hablar de la gestión comunitaria como un modelo de transición?

- Nosotros trabajamos con el caso de (la Reserva de) Rio Ceballos. Ahí regula el municipio, pero participan vecinos, defensa civil, la cooperativa de agua y el área de coordinación, que tiene dos funciones: clasificación y logística. Hay gente del Ejecutivo participando, porque tiene una figura reconocida por ordenanza, con presupuesto, con guardaparques asignados. Y además trabajan dedicados al plan de manejo, que pocas reservas lo tienen y lo ejecutan. Si no, las reservas quedan en el papel. Hay proyectos que se votan pero luego los municipios no se hacen cargo de mantener los espacios, contratando gente capacitada. Como ciudadanos tenemos que ir buscando que nuestros derechos sean garantizados, dentro de los marcos jurídicos que ya existen y nos dan maneras de participar y lograr que se gestione entre todos.

 

El caso del Parque del Oeste

En sintonía, Marianela Piazzano (Ateneo Construcción Política), una de las impulsoras de la creación del espacio de Parque del Oeste en Jesús María, advierte que sin un plan de manejo es complejo comenzar a discutir la apropiación del espacio. Es necesario que la Municipalidad active este trabajo, porque sino, el territorio conservado se encuentra a merced de la tala irracional, los incendios forestales, el sobrepastoreo, la presión inmobiliaria y el avance de la frontera agraria y urbanística.

Piazzano destaca que impulsaron el proyecto pensando en una gestión mixta, pública y privada. “La idea es que participemos todos, llevando adelante la idea porque está parado. A veces con lo medioambiental pareciera que hay muchas urgencias, pero me parece que no están entendiendo el mensaje de lo que significa esto a largo plazo”, agrega.

El parque nació para proteger una extensión de 60 hectáreas, parte de la cuenca del Río Jesús María. En mayo de este año se sumaron 40 hectáreas más, donadas por una familia local, y ahora gestionadas por la Sociedad Rural como intermediaria. Además, El Ateneo está en plan de conseguir personería jurídica, para lograr un trabajo a largo plazo apostando a la conservación y la educación.

- ¿Qué valor agregado ven en una propuesta colaborativa, que atienda las demandas de los ciudadanos en su diversidad?

- Nos fuimos agrupando desde diversos intereses. Yo por ejemplo me formé en una universidad pública, siempre se dice que la educación es gratuita: quiero devolver a lo público lo que lo público me dió. A veces parece que las cosas se miden únicamente en dinero, pero en el parque también tenemos la satisfacción de poder aportar desde lo que hemos estudiado. Eso nos llena. El Estado

debería regular estas ideas, gestionarlas, y que se transforme en una política de estado sacando los prejuicios, trabajando por el bien común.

Aún así, el proyecto sigue en su espera de papel.